El Tesoro del Saber


Llevo dos semanas escuchando al menos una vez al día el nuevo tono que me avisa que alguien está llamando, el que me impulsó a escribir esta vez. Y es que es difícil no pensar en el tema cuando hay algo que te lo recuerda con esa insistencia. En los libros hallarás el tesoro del saber, para ti todo será si aprendes a leer. Generalmente contesto antes de que esta rima termine, pero la canción ahora me parece tan reveladora y tan profetizadora que se ganó el título de official ringtone.

En uno de los colegios que me tuvieron en sus aulas, recuerdo claramente, había una cartelera en cartulina rosada, con letras púrpuras, mal formadas, que intentaban decir “el que lee, obtiene la sabiduría”. El recuerdo es bien prístino porque me llamaba mucho la atención esa forma (‘deforma’, mejor) desagradable en que nos incitaban a la lectura, a nosotros, esa manada de cabezas semivacías que sólo nos guiaba lo estético. Ahora veo que la cartelera hizo su efecto, aunque con un poco de ayuda del tiempo, y la frase me retumba con insistencia todos los días a todas horas.

Es posible que quien lea y se ubique de mi generación hacia atrás reconozca la tonada como algún recuerdo infantil e incluso, le caiga en gracia saber que una letra tan básica haya llegado viva hasta esta época. Entonces los que conocen la canción, tienen el secreto en su memoria…y la mayoría no lo aplica. No somos una cultura interesada en buscar El Tesoro del Saber, y lo digo porque, en general, la gente no le dedica tiempo a la lectura, siempre hay cosas más importantes y eso tan necesario se va dejando de lado, llegando al punto de que como propósito para el año nuevo, haya quien se proponga leer un libro en los siguientes trescientos sesenta y cinco días. Más triste es saber que existen quienes ni siquiera lo tienen de propósito.

¿Por qué la gente no lee?...es una duda recurrente en mi cabeza. No logro entender qué se debe estar pensando para no leer. Yo me embarqué en la búsqueda de El Tesoro del Saber y algo he encontrado. La idea, en vez de malgastarlo, es compartirlo. Más que una notoria obsesión por esta actividad o un grito de alarma a la sociedad, es una invitación a que entren a esta búsqueda; lo negativo es que se corre el riesgo de querer escribir, y ahí se empieza a complicar la situación porque saber leer nunca va a garantizar el saber escribir. Como quiero compartirles, acá va mi testimonio: soy un sujeto perezoso e irresponsable, no gusto ni acostumbro seguir protocolos, no soy de los que disfruten llevar rutinas, pero desde que descubrí el poder de los libros mi única regla irrompible es leer por lo menos una cuartilla en el día. Creo que es la única rutina que me agrada y que con gusto sigo, pero, cavilando mejor, en vez de rutina, le debería dar el calificativo de vicio, se asemeja más a los síntomas que presento. Afortunadamente no es un vicio nocivo y es legal, de hecho hasta bien visto.

Lo que me produce la lectura lo he llegado a comparar con lo que he leído que producen unas drogas mal vistas por la sociedad: tiene la capacidad de cambiar el ánimo, te hace reír, llorar, te da miedo, te lleva a otros mundos, te aleja de la realidad, te aterriza en la realidad, te excita, te cambia…la lectura produce placer.

No conozco excusa justa para no leer. Ni si quiera la falta de ojos, porque el lenguaje braile brinda esta posibilidad. A mí no me gusta leer porque no entiendo lo que leo, me dice un amigo. Veo dos posibles razones, una, es que no sabe leer, la otra, es que la pereza lo impide. Le apuesto a la segunda porque la creo más veraz. ¡Pobre hombre!, no sabe de lo que se pierde. Yo, hasta el día de hoy, no pienso abandonar mi vicio preferido, no pienso dejar de leer nunca, incluso, una vez a la semana trato de invertir dos horas a pedirle a todos los dioses que conozco para amanecer algún día siendo políglota y poder leer más libros ¡Oh, Yahvé!, todopoderoso y omnipresente, ayúdame, con tus superpoderes a ser políglota. Por favor, Dios, tú que todo lo puedes, dame el don de las lenguas. Alá, con tu infinita bondad, hazme intérprete de todos los dialectos que hablan los pueblos que bendices. Gran Vishnú, concédeme tantos lenguajes como brazos te adornan. Y así, con cada uno de los dioses orishas, con los griegos y si tengo tiempo, con Krishna. Al final le sobo la panza a Buda y me santiguo tres veces. ¡Ojalá me escuchen…o me lean!


Hoy amanecí con muchas ganas de visitar ese colegio y pedir, de todo corazón, la cartelera que afeaba la columna del aula donde solía yo dormir mientras el señor gordo y terriblemente atacado por el acné –se me escapa el nombre, sólo sé que le decíamos ‘Diarrea’– lanzaba sus diatribas matemáticas, si es necesario, pagar algunos billetes por ella; la quiero encima de mi cama, estoy seguro de que combinaría a la perfección con el desorden de mi pieza.

POSDATA:

Para quienes no conozcan la canción a la que me refiero, acá se las cuelgo.

2 comentarios:

juliana.ruiz dijo...

juepucha flashback tan bravo, el que me proporcionó esa canción! esto era de un programa de tv con marionetas y repollos que cantaban, no?
me reí con la oración: aparte de la intención políglota, manifiesta tu orientación politea (¿?)
genial.

Cavilaciones dijo...

Sí, estás en lo cierto, compañera, ese era el programa. Y también estás en lo cierto en lo otro, quiero demostrar mis deseos de saber otras lenguas y expresar mi fe tan..."diversa". Saludos.

El Sujeto

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Hace más de veinte años nací, vengo creciendo, lucho por reproducirme y todavía no he sabido que me haya muerto.