Prácticos consejos para establecer apelativos en inversionistas de alto riesgo

Colombia es un país de gente pujante con negocios más que pujantes, hay industrias que sobrepasan lo impensable, pero lastimosamente no son legales. No por eso hay que dejarlas a la deriva, hay millones de personas que dependen de actividades al margen de la ley, miles de familias que sobreviven de producir, comerciar o encaletar mercancías que estorban a la luz de la legalidad. Yo no estoy de acuerdo con las actividades ilegales, yo no apoyo la ilegalidad y no fomento tal actitud, pero esta vez creo que me va a tocar intervenir en un asunto que me viene molestando. Me pienso dirigir a los propietarios de empresas medianas que producen y exportan mercancías peligrosas, a los mal llamados mandarineros, que, por respeto, vamos a llamar inversionistas de alto riesgo.

Yo no conozco a ninguno que se dedique a lo que menciono; que yo sepa, no tengo relación con alguno de estos inversionistas, de todos he sabido por la televisión, la radio y la prensa. Todos los que sé que existen, han tenido su titular, primera página a full color. Fritanga, Chupeta, Jabón, Monoliso y otros tantos han sido capturados y sindicados de narcotráfico, de algunos hemos sabido las historias, conocemos sus triunfos y sus derrotas, sus vínculos políticos, sus fiestas, sus gustos deportivos pero nunca el proceso de elección de su alias. No voy a juzgar a nadie por lo que hace para ganarse la vida, pero, ¿por qué elegir Fritanga o Chupeta para hacerse conocer en el bajo mundo?, ¿por qué teniendo tanto dinero disponible, no pagan un asesor de imagen? Pensando en eso y en otros puntos, me permito redactar los siguientes prácticos consejos para establecer apelativos en inversionistas de alto riesgo.

1.    Lo primero que debe tener claro es la intención. ¿Quiere que lo reconozcan o quiere pasar desapercibido?, ambas posiciones tienen sus pros y sus contras, eso lo decide usted como amo y señor de su microempresa. Debe entender que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa: Pablo Escobar no quería pasar desapercibido con la avioneta que mandó poner en la entrada de su humilde tierrita.

2.    Si decidió el bajo perfil, lo primordial es elegir un alias demasiado común para que encontrarlo sea como buscar una aguja en un pajar. Pedro Pérez o Juan Restrepo le puede dar buen resultado (me disculpo de antemano por los Pedros Pérez y Juanes Restrepo que salgan damnificados). Cámbiese el nombre, en lo posible. Eso sí, tenga tacto, nada de Lucumí Popó.
Para el caso de querer reconocimiento puede apelar a personajes siniestros, rudos o violentos de la historia, puede hacerse llamar Frankenstein, Rumpelstiltskin, Hulk, Garavito, Judas o, si el caso es de infundir pánico y odio, Uribe.

3.    Créese una leyenda que tenga que ver con el apelativo. Yo le voy a preguntar por Tiro Fijo y usted me va a decir por qué le decían así. Lo mismo que a La Bestia de los Andes, Jack El Destripador, El Unabomber, en fin, los alias más recordados son los que han tenido una historia detrás, y no cualquier historia, tiene que ser una buena historia. Esfuércese, recuerde que el voz a voz es una técnica que no falla y la inversión no es tanta.

4.    Aproveche sus habilidades, sus dones, sus fortalezas o su destreza con la motosierra. Si usted acostumbra aconsejar a sus víctimas con el filo de un machete, pues aproveche su habilidad y conviértala en su escudo: Machete o Picadillo puede ser efectivo, pero Machetico o Picadura no funcionan igual. Fíjese que es cuestión de tacto, hay que ser exquisitos eligiendo el apelativo. Si sus dones van más por el lado de la intimidación, empiece a ver películas y haga la lista de personajes más impresionantes: La Mole, Superman, Batman, Rambo, Hannibal, Chuck Norris. Imagínese, ¿quién se mete con alias Chuck Norris?

5.    Por nada del mundo se haga conocer como le dice la modelo que está alimentando. En la intimidad le puede resultar divertido y hasta tierno el o los nombres que le tiene o le tienen su o sus parejas, pero créame que el respeto que generan alias Coshito, alias Mimimi, alias Chiquitín, alias Churrito, alias Amochito o alias Cuclichupaito no es el que quiere para usted ni para su empresa. Usted es la imagen de su empresa. Los testaferros no tienen la costumbre de ponerse alias precisamente por su labor, pero los puede bautizar con cifras para identificarlos en un futuro y conseguir alguna rebaja de la condena.


Por ahora creo que puede elegir un buen apelativo teniendo en cuenta los puntos anteriores. En un inicio puede que no lo convenza del todo, con los nombres siempre pasa igual. No se afane, tómese su tiempo, espere a que tenga una buena idea. Si se afana corre con el riesgo de que en un futuro lo conozcan como El Precoz o Carroloco, usted verá. Haga una lluvia de ideas, analice diferentes conceptos, quítese los prejuicios estéticos y ábrase al mundo de posibilidades que pueden ayudarle a cumplir ese objetivo de contar con un buen alias a la hora de ser portada de periódico porque, El Todopoderoso no quiera, lo capturen, le den de baja o le intercepten alguna encomienda y lo hagan parte de la novela.

A fin de cuentas

El silencio de la sala era agobiante, podía sentir el crujir de los neumáticos de los pocos carros que pasaban por la calle más cercana. El reloj de la pared blanca no tenía segundero y como el tiempo estaba detenido yo no sabía si el aparato andaba o si lo tenían de adorno feo en medio del muro blanquecino, porque blanco, lo que se dice blanco, no era. Era la sala de espera más desesperante que había tenido el placer de visitar: aunque no había calor en el ambiente y dos ventiladores silenciosos refrescaban los rincones, la gente sudaba. En mi caso era sudor fino, goteritas que iban naciendo junticas pero que no se llegaban a combinar nunca, tampoco crecían demasiado, estaban simplemente ahí por estar. Me volví a pasar el brazo por la frente y la miré, estaba igual que yo, absorta en sus ideas y sudaba pero a chorros. La tomé de la mano y me devolvió la mirada, yo le sonreí, era lo mínimo que podría haber hecho. Al frente de nosotros dos había una pareja en la misma actitud de resignación, él, joven, ella, más joven, tomados de la mano, mirando al silencio.
Por mi parte solo había buena actitud, yo no quería tener hijos pero si el destino había decidido, ¿quién era este diminuto ser para contrariarlo? Lo difícil sería encontrar un trabajo bien pagado, pero nadie dijo que iba a ser fácil, de hecho, todos repetían que era muy difícil. A mí no me asustaba el hecho de tener que trabajar, me gustaba la idea de tener una responsabilidad tan grande. Ella me contó feliz lo del retraso, de alguna manera eso me hizo pensar positivo, si éramos felices, pues ¡qué importaba el esfuerzo!

             ― Ana María Peláez Rendón ―musitó una cabeza femenina detrás de la puerta del fondo entreabierta.

La mujer que tenía al frente se paró y el tipo que la acompañaba se fue detrás. Habían llegado primero que nosotros. Todos habían llegado primero que yo, incluso ella. Media hora de retraso mío, que no era por comparar, pero no le llegaba a los talones a las dos semanas de ella. Le miré el brazo y le pregunté si le estaba doliendo el chuzón, sin decir palabra me contestó que no. Le di un beso en la frente y seguí esperando. Es que no estábamos juntos, estábamos los dos pero cada uno estaba tomando decisiones, estaba acomodando vidas, estábamos en plan de planear. Yo no tenía mucho por perder, podía estudiar, me tocaría empezar a trabajar y dejar de lado tanta desfachatez libidinosa, el resto se resumía en buenos modales y mucho empeño para ser un buen progenitor. Ella sí tendría que cargar más peso, pero no del todo porque, según me contó, en la casa le dieron todo el apoyo. Yo no había dicho nada en la mía, no tenía necesidad, ¿para qué?
La pareja salió sin decir palabra, ella primero que él, les abrieron la reja eléctrica desde algún lado que no supe dónde, y se fueron. Ella me apretó la mano y la miré, estaba pálida y tenía la frente mojada. Se la limpié con la mano que tenía libre. Eran casi tres meses desde que habíamos empezado a salir, cuatro desde que nos conocimos. Cuatro meses. Ella me había dicho que planificaba y yo le había creído, me generaba mucha confianza y aunque no teníamos título oficial, nos visitábamos en las casas constantemente. Constantemente, también, nos encerrábamos horas y horas a hablar del futuro, de ella, de mí, de los dos, pero no de los tres.

          ― Paula Martelo Sald…
          ― Yo ―interrumpió gritando y se levantó de la silla, me jaló de la mano pero me negué a ir.


De todas formas no iba a cambiar el resultado, no iba a ser más positivo ni más negativo porque yo fuera a recibir la noticia. Que fuera lo que tuviera que ser, yo prefería que al menos uno de los dos estuviera ahí para consolar al otro. Ella se metió en la puerta del fondo y yo volví a mirar el reloj. Las dos manecillas seguían apuntando hacia la misma dirección que yo había visto, o eso creía. Lo de mirar la hora era un reflejo, siempre que me sentía en peligro o incómodo miraba la hora. Es que ni siquiera era mirar la hora, era mirar el reloj, porque a veces tenía que volver a fijarme qué hora era cinco segundos después de haber mirado el reloj. El instinto de conservación es extraño. De todas formas no reparé en vacilaciones y me dirigí al buzón de sugerencias que reposaba sobre un soporte metálico, tomé una hojita del montón y con el lapicero pegado a la base con un elástico largo, redacté una nota respetuosa donde informaba que, lamentablemente, la pila del reloj feo de la sala de espera se había agotado y que, además, como detalle de fina coquetería, deberían conseguir un reloj con segundero, para que no queden dudas. Firmé la nota, puse el teléfono de mi casa y la deposité en el buzón de madera. Cuando salió de la puerta del fondo yo estaba parado, llegó hasta mí con lágrimas en los ojos y un papel en las manos. Con mi gesto intenté preguntarle que qué, que qué, que cómo, pero me abrazó y no me dijo nada. Salimos, ella primero, y me pidió que buscáramos una panadería, que no había desayunado. Allá, sentados, me dijo lo que no me esperaba: negativo, no estaba embarazada, no íbamos a tener bebé. Ella pidió pastel de pollo y tinto, yo pedí pandequeso, buñuelo y café con leche. Me acuerdo muy bien de esa última vez que nos vimos porque me dieron el café con la leche vencida.

Otra entrevista con El Sujeto. Parte III.

Después de compartirme la pipa con algún material que yo nunca había probado, prendió el computador portátil y empezó a teclear. Yo estaba obnubilado por lo que había estado fumando, mientras él se notaba tranquilo, fresco. Mientras operaba su máquina me contó que eso lo cultivaba él, que no se podía comprar de eso en ningún lado. Me sentí afortunado y me motivé para continuar con la tercera y última parte de la entrevista.

PARTE III: Del putas.

Andrés Flórez (AF): Sujeto, ¿se dedicó a twittear?
El Sujeto (ES): Alguito, no te voy a negar que me dejé picar por el bichito trinador. Pero lo uso mucho más para darme a conocer que para otra cosa. Me pongo a pensar en los millones de personas que no me han leído y me da coraje, me da rabia ajena.
AF: ¿Sí ha tenido éxito la transacción?, ¿sí se ha incrementado el número de lectores?
ES: No creo, hace rato ni reviso las estadísticas. Yo no sé si me están leyendo más, pero sí me están leyendo más seguido. Twitter tiene las ventajas de la inmediatez y de la ubicuidad, además obliga a escribir ideas cortas, por lo tanto contundentes, en teoría. Trato de ser conciso y directo, también lo uso de laboratorio, dejo mis consejos de vida y una que otra frase para la posteridad.

AF: Hablemos de putas, Sujeto. ¿Por qué tomó la decisión de escribir sobre putas?
ES: Yo no decidí nada, las historias empezaron a buscarme, se me aparecían por ahí en la noche, con el tiempo empezaron a estorbar y cuando me estaba incomodando, ya tenía media novela. El esfuerzo lo tuve que hacer al final, eligiendo las historias, como el nombre de la novela limitaba el número de cuentos, tuve que ser muy selectivo y dejar afuera algunas historias. El tema fue imperando, al principio pensaba contar historias de la noche, de la fiesta, de la vida nocturna que me parece tan interesante y que es desconocida para muchos, pero se fue formando una fila de putas, una tras otra, y me contaron cosas tan tesas, que, realmente ellas decidieron por mí.

AF: ¿Fue a puteaderos?, ¿hizo el amor con alguna puta?
ES: Me fui de putas varias veces, muchas veces. Me tocó empezar a buscar inspiración, a conocer las vidas que me iban a servir de guías, me tomé muchos rones y me fumé muchos cigarros en su compañía. Buscaba las más solas, las viejas, las que no estaban tan atareadas. Muchas se hacían las bobas, pero muchas se dejaban preguntar, a veces toda la noche. Pero sigo virgen, si a eso iba la pregunta.
AF: Yo solo quería saber si usted apoya esa actividad, o sea, quiero ver qué punto de vista tiene sobre la prostitución.
ES: La veo como una labor bien difícil, casi de admirar. En la penetración de Doce cuentos para griles hago hincapié en que las trato de putas porque así es que las conocemos, prostitutas suena muy largo y ya los otros sustantivos son ofensivos. Yo las respeto como personas y como profesionales, siempre va a ser difícil proveer placer, es de admirar cómo hay quienes sacrifican su propio placer por dárselo a los otros, es una de las máximas muestras de altruismo. Nunca le pagaría a ninguna mujer a cambio de sexo, pero las apoyo, acepto que lo que hacen es tan valioso como lo que hace cualquier otro profesional.

AF: ¿Usó alguna historia?, ¿contó alguna historia de las que conoció?, ¿acudió al plagio?
ES: Sí, conté todas las historias que viví. Absolutamente todo es imaginario, pero todo es parte de la realidad. No sabría decir en qué punto se separan, porque no lo recuerdo, pero lo que sí te aseguro es que nada es verdad. No conozco en vida real a los personajes, o al menos no con esos nombres, no he ido a ningún bar tan divertido como el que planteo y, menos, conocido putas tan felices. Porque mis putas son felices, las putas de verdad, no tanto.

AF: ¿Qué conclusiones pudo sacar luego de haber terminado el proceso de escritura de la novela?
ES: Ninguna. No las llamaría conclusiones sino satisfacciones. Por ejemplo tuve la satisfacción de haber conocido a muy buenas putas, a putas generosas, a putas amables, a putas sensibles, putas sinceras. La satisfacción de haberlas contado sin tener que juzgarlas. Me queda la satisfacción de haber concluido el proceso de mi primera novela, no es gran cosa, pero uno descansa.

AF: Veo que habla con ternura de la vida nocturna, ¿prefiere el día o la noche?
ES: Yo prefiero el día, sin duda. La noche es muy difícil, sobre todo la vida nocturna en la ciudad, la fiesta todas las noches, donde abunda gente que no duerme por aprovechar las dos caras de la ciudad. Es que son mundos diferentes, la noche es turbia y bullosa solo que uno se la pierde por andar dormido. Yo soy tranquilo, yo pertenezco al día, pero la noche de vez en cuando me hace ojitos.

AF: ¿Cómo se la llevó con los borrachos?
ES: Mal, los borrachos son lo más difícil de las noches. Siempre hay borrachos y siempre hay problemas. Siempre hay borrachos y siempre hay muertos y siempre hay heridos y siempre hay peleas y siempre hay borrachos. Son peligrosos, son problemáticos, son estorbosos, son fastidiosos, son borrachos…pero nadie los puede juzgar.

AF: ¿Algún parecido con Hildebrando o con Aires de tango?
ES: Nada, no tiene nada qué ver con ningún libro de putas o de bares o de calle. Yo no he leído libros como el mío, a mí me gusta leer buenos libros.
AF: ¿Y el título?, ¿no está muy parecido al de Gabo?
ES: ¿Cuál?
AF: Doce cuentos peregrinos, el famoso libro de Gabriel García Márquez.
ES: Yo diría que es una feliz coincidencia, de pronto. De ser adrede, hubiera elegido Me moría por mis putas tristes, más fácil.

AF: ¿Cuándo vamos a poder leer el libro?
ES: No sé, de pronto el otro mes, de pronto el otro año. Pero sale, yo se los aseguro, sale como sea.

AF: Ayúdenos a leerlo, ¿qué debemos tener en cuenta?, ¿cómo debemos leer Doce cuentos para griles?
ES: Lo único que les recomiendo es que se quiten los prejuicios para leer, luego se los ponen. Es que si lo leen con algún lente especial, seguramente no entienden o se aburren. Es un libro para leer desnudo, ojalá en el baño, tomándose algo o fumándose algo más.


Y sin darme tiempo, me sugirió que me fuera, me dijo que de pronto estaba muy cansado de verme. Entonces, agradecido por su tiempo y por haberme compartido de su espacio, me despedí asegurándole que sería la última vez que lo molestaría, siempre y cuando no nos abandonara. Le prometí fidelidad eterna y, como agradecimiento, me regaló la promesa de una copia firmada de su novela una vez publicada. Hasta acá nos leímos nosotros, en esta última parte de Otra entrevista con El Sujeto, ojalá, y me voy yo para dejar cavilando a este peculiar personaje.

El Gran Colombiano

En estos días hay un concurso para un solo ganador, que, entre otras cosas no sé qué es lo que va a ganar, pero de ser elegido, sería conocido de ahí en adelante como El Gran Colombiano. Previamente se realizó una votación para elegir a los 25 finalistas que hoy pelean para quedarse con el título, entre ellos hay políticos, músicos, deportistas, literatos, científicos, Juanes, Shakira y Uribe. Tengo que aceptar que no he dado mi voto aún, y no es por reticente sino por confundido: de esa lista no sé quién pueda reunir todos los atributos que necesita una persona para hacerse llamar El Gran Colombiano, el mejor colombiano de todos, el compatriota que merece representar a los más de cuarenta millones de almas resguardadas en este purgatorio. Y no es una votación sencilla, como para elegir concejales o presidente, ¡no!, acá sí vale la pena sentarse a pensar, ¿quién es el mejor representante de esta bandera?, ¿qué atributos debe reunir una persona para ser El Gran Colombiano?

Debe ser pobre. La mayoría de colombianos hemos sido, somos y vamos a ser pobres. Estamos divididos por estratos socio-económicos que solo sirven para facilitarle la cobranza a las empresas de servicios públicos, pero hay dos clases sociales: pobres y no tan pobres. Porque los que alcanzan a generar más ingresos que el resto siguen siendo pobres gracias al pasaporte; la pobreza es al colombiano como la pecueca es a la bota pantanera.

Debe ser bruto. Somos un país de gente bruta, perezosa, facilista, desinformada y manejable, hasta el año pasado, el 67% de los colombianos no leía porque no le gustaba. Y el otro 33% seguramente leía porque le tocaba leer. Somos una máquina imparable de ignorantes, porque además de no leer, pichamos todo el día: lo que va del año se han registrado alrededor de 92.500 partos, y, estoy seguro de que al menos 92.499 van a ser brutos, si alcanzan a crecer.

Debe ser feliz. Si no es feliz, no es colombiano. No podemos elegir a una persona que no represente la felicidad del país más feliz del mundo, debe reírse sin importar nada. ¿No le alcanza para pagar servicios, mercado y vivienda?, ¡ríase! ¿No tiene aseguradas ni la salud ni la educación?, ¡suelte la carcajada! ¿Está cansado de que lo extorsionen para que no le pase nada a su negocio?, ¡cáguese de la erre! El Gran Colombiano debe entender que la felicidad no está en tener resueltas las necesidades básicas sino en disfrutar de las cosas estúpidas.

Debe creer en los milagros. Si no tiene la casaca tricolor lavada y planchada para Brasil 2014, impensable. Si no tiene las camisetas de las marchas por la paz, por el secuestro y por Las FARC, no vale. Si no le reza a la Madre Laura o al Padre Marianito, no le doy el voto. Si no le ha hecho fuerza a los procesos de paz en estos últimos 50 años, ¿de qué sirve votar por alguien así?

Debe ser desplazado o damnificado. No importa si es indígena, si es afrodescendiente, si es reinsertado o si viene de Armero. Todos hemos sido tocados por la tragedia en algún momento de nuestra existencia dentro de nuestro terreno, si no fue Mapiripán fue en Bojayá o en Las Bananeras. La mayoría de los barrios en las ciudades son invasiones, terrenos utilizados para beneficiar a los menos beneficiados, a los que huyen de la violencia, a los que huyen del hambre, a los que huyen del miedo, a los que huyen de todo lo que ofrece el Estado.

Debe ser corrupto. Es imposible que El Gran Colombiano no tenga la única cualidad innata de los nacidos en esta tierra, me parecería un fraude si eligen a alguien honesto, de inmediato pondría mi voz en el cielo y si es posible, lo haría destituir. Pero pensándolo mejor, si me parece fraude, entonces no es tan honesto y definitivamente tuvo que haber trabajado por ese puesto, tal vez tráfico de influencias, ¡perfecto!

Debe ser bachiller. No se vale haber estudiado dos semestres de administración en ningún instituto, tampoco elegiría a ninguno que supiera hablar buen castellano y menos un segundo idioma, impensable para ese título. El Gran Colombiano tiene que haber salido de bachillerato y haberse puesto a trabajar, o mejor, debe haberse salido antes de terminar bachillerato. Sería un honor si hay algún candidato con diploma falsificado, no cabría duda de quién es el o la merecedora del galardón.


Yo no sé. Está muy reñido eso, casi todos cumplen varios requisitos. Tengo claro que por Shakira no voto porque no es colombiana, tampoco tiene mi voto Llinás por simple respeto; quedan 23 todavía pero tengo la esperanza de que la lista se vaya reduciendo paulatinamente. Voy a tomarme mi tiempo para hacer una buena elección, no vaya a ser que quedemos mal representados, ¡qué vergüenza mundial! Pero me meto en los pantalones del futuro ganador y me pongo nervioso, ¿representaría bien a mi gente?, ¿sería la crema y nata de la masa?, ¿me darían la visa para ir a recibir el premio?

Otra entrevista con El Sujeto. Parte II.


Se levantó del sillón y llegó con cara de haber dormido seis años. Puso a calentar agua para más café y me invitó a pasar a la terraza. Nos sentamos en unas sillas de plástico con los pocillos de café cargado —6 de café x 5 de azúcar, me confesó en medio de su taquicardia— y comenzamos a grabar la segunda parte de la entrevista.

PARTE II: Año nuevo, vidabuena.

Andrés Flórez (AF): Sujeto, ¿cómo me lo ha tratado la vida lo que va de este 2013?  
El Sujeto (ES): Aquí las tengo pa’ que me las bese. 
AF: En serio, ¿qué le trae este año?     
ES: Mucha pobreza, veo hambre por todos lados. Pero eso está bien, el artista está destinado a ser flaco aunque algunos desmintamos esa ley.

AF: Después de tanta alharaca no se acabó El Mundo en el 2012, usted ya me había manifestado su incredulidad y me había dado las razones con nombres en idiomas que no le entendí, pero, ¿por qué cree que se formó el escándalo tan grande?  
ES: Porque la gente es boba.     
AF: ¿Solo por eso?, yo pensé que me iba a hablar de algún fenómeno desconocido.
ES: Pues eso lo sabemos todos, la gente es boba, por eso hay bancos, iglesias y macdonalds en todo el planeta. Es que… —se tomó unos instantes para prender un cigarrillo—, no crea, en este mundo hay más marranos que helecho. Algún bobo creyó haberle atinado a una interpretación totalmente carente de lógica y salió gritando tan duro que otros bobos escucharon y compraron trincheras.

AF: Cuénteme qué opina del proceso de paz que adelanta el gobierno colombiano con los guerrilleros de Las FARC, ¿le ve futuro?       
ES: ¿A quién, a la guerrilla?       
AF: No, a Colombia.          
ES:
No, no, no —alcanzó a decir después de una carcajada estruendosa—, tiene más futuro el año pasado.      
AF: Pero, ¿cree que habrá paz en el país? 
ES: No, yo no veo cercana esa posibilidad. Acá no conocemos eso, es un concepto tan extraño como el respeto y la cultura, desde que nacimos estamos dándonos machete y al paso que vamos, vamos a terminar bañados en sangre.

AF: Y hablando de terminar, ¿cómo se enteró de la muerte del ex presidente de Venezuela, Hugo Chávez?     
ES: Estaba viéndome la novela de la tarde y me la interrumpieron, pasé el canal para ver a Laura pero también estaban dando la noticia. Luego me mandaron varios correos electrónicos, me llenaron la bandeja de entrada de Facebook y me mandaron cuarenta y cuatro mensajes de texto.        
AF: ¿Maduro o Capriles?        
ES: Me quedo con Pikachu.

AF: ¿Y cómo vio lo de El Papa?       
ES: ¡Perfecto!, la platica tiene que circular, hermano. Los suramericanos somos buenos derrochando presupuesto y, con fortuna, El Vaticano se quiebra en unos años. Igual Benedicto era muy feo, esa mirada de suegro que llevaba siempre, esa actitud de asesino serial, no se la quitaba nadie.

AF: Cada vez más cerquita de la legalización del cannabis en todo el mundo, ¿usted cree que se logre pronto?       
ES: Pues acá en este tierrero es mejor que no legalicen nada, el negocio está en la ilegalidad. Soy apátrida pero no soy del todo egoísta, a Colombia no le conviene la legalización porque dependemos, en gran parte, de la narcoeconomía mundial.

AF: Sujeto, le tengo que preguntar, tema ineludible: ¿Colombia va o no va a Brasil 2014?       
ES: ¿Están muy costosas las entradas?, yo creo que más de un narco tiene para pegarse el paseíto. La Selección, obviamente, se va a ver los partidos por televisión, pero el emprendimiento de los colombianos es tan marcado que más de uno va a estar en primera fila viendo buen fútbol.   
      
AF: ¿Usted no es hincha de La Selección? 
ES: No, a mí me gusta el buen fútbol, vea, este equipo está lleno de estrellitas intermitentes, tiene sus buenos jugadores, pero no pueden hacer mucho. Colombia tiene, va a tener y ha tenido el puesto de relleno en las eliminatorias para clasificar a los mundiales.

En ese momento se levantó de la silla irritado y volvió al sillón sin decirme nada. La siesta se prolongó y yo me quedé esperándolo una hora más. Se despertó renegando y diciéndome que había soñado con el 5 – 0, se hizo a una pipa de vidrio y empezó a bombear para darme la tercera y última parte de esta, otra entrevista con El Sujeto, que estaré colgando en los próximos días y que, por alguna razón que no sé decirles cuál, no se pueden perder.

El Sujeto

Mi foto
Hace más de veinte años nací, vengo creciendo, lucho por reproducirme y todavía no he sabido que me haya muerto.